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La derecha tradicional vuelve sobre Rodrigo Paz para disputar el rumbo del Gobierno

  • Foto del escritor: Adrián Brizuela
    Adrián Brizuela
  • hace 3 días
  • 8 min de lectura

Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Manfred Reyes Villa buscan coordinar su representación parlamentaria para impulsar reformas económicas y aumentar la presión sobre el presidente Rodrigo Paz. Los tres son referentes históricos de la derecha boliviana y participaron, de distintas maneras, del esquema de gobernabilidad con el que comenzó la actual administración. Ahora vuelven sobre aquella estrategia, pero frente a un Presidente debilitado y necesitado de los votos que ellos controlan en el Legislativo.

La disputa permite observar un proceso que trasciende a Bolivia. Cuando una fuerza que gobernó durante años pierde el poder comienza otra discusión: quién conducirá el nuevo ciclo y qué significado tendrá el cambio votado. La salida del Movimiento al Socialismo (MAS) del Gobierno no resolvió qué sector político tendría capacidad para conducir la etapa siguiente.

Jorge “Tuto” Quiroga fue presidente de Bolivia entre 2001 y 2002 y perdió contra Paz el balotaje de 2025. Samuel Doria Medina es empresario, dirigente político y varias veces candidato presidencial. Manfred Reyes Villa, actual alcalde de Cochabamba, tiene también una extensa trayectoria política. Pertenecen a fuerzas diferentes, pero los tres representan expresiones de una derecha tradicional que conserva bancadas y capacidad de negociación dentro de la Asamblea Legislativa.


Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina, Manfred Reyes Villa
Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina, Manfred Reyes Villa

Una estrategia que ya había sido ensayada

La coordinación que ahora intentan reconstruir no constituye una estrategia completamente nueva. Durante los primeros meses del gobierno de Paz, los tres participaron de conversaciones destinadas a garantizar las mayorías necesarias para aprobar las leyes del Ejecutivo. En mayo de 2026, Doria Medina anunció un acuerdo con el Presidente y otros referentes para viabilizar las normas necesarias para lo que definían como un “cambio de modelo”. La derecha tradicional ya había intentado impulsar sus reformas acompañando al Gobierno.

Paz necesitaba esa cooperación porque el Partido Demócrata Cristiano (PDC), la fuerza con la que ganó las elecciones, no tenía votos suficientes para controlar la Asamblea. Tuto, Samuel y Manfred disponían de aquello que le faltaba: bancadas capaces de completar las mayorías necesarias. La gobernabilidad inicial descansaba así en un Presidente sin mayoría propia y dirigentes que podían aportársela.

La relación se deterioró mientras Paz intentaba construir acuerdos directamente con legisladores, sin depender exclusivamente de las conducciones partidarias. Al mismo tiempo creció el enfrentamiento con Edmand Lara, el expolicía que había llegado a la Vicepresidencia como su compañero de fórmula. Los antiguos aliados se alejaron del Ejecutivo, pero conservaron sus votos parlamentarios. Antes podían aportar gobernabilidad a un Presidente que comenzaba su mandato; ahora pueden imponer condiciones a uno mucho más vulnerable.


Las reformas que quiere impulsar la derecha

Los tres dirigentes no defienden un programa idéntico, pero comparten un núcleo de propuestas: mayor participación del capital privado, mejores condiciones para la inversión extranjera y modificaciones al modelo económico desarrollado durante los gobiernos del MAS. El objetivo común es reducir el protagonismo económico del Estado y ampliar el espacio para el mercado y la inversión privada.

La agenda alcanza sectores centrales como hidrocarburos y minería, incluye cambios tributarios y plantea revisar el funcionamiento de empresas estatales y subsidios, especialmente los destinados a los combustibles. También aparecen propuestas destinadas a ofrecer mayores garantías jurídicas a las inversiones, incluyendo cambios institucionales y mecanismos de arbitraje internacional. Reyes Villa agrega una transformación de mayor alcance con su propuesta de avanzar hacia un Estado federal.

Sería incorrecto presentar a Paz como un adversario de todas esas reformas. Durante la campaña también propuso atraer inversiones, reducir impuestos, transformar empresas públicas y descentralizar recursos. La disputa no enfrenta simplemente a un Presidente estatista con una oposición promercado: se discute la profundidad de las reformas, su velocidad y quién tendrá capacidad política para conducirlas.



El voto que llevó a Paz al Gobierno

Para entender esa contradicción hay que regresar a las elecciones de 2025. Después del derrumbe electoral del MAS, Paz disputó la segunda vuelta contra Tuto Quiroga. El 19 de octubre, la fórmula integrada por Paz y Lara obtuvo el 54,96% de los votos frente al 45,04% de Quiroga y Juan Pablo Velasco. Los bolivianos tuvieron una elección directa entre Paz-Lara y la alternativa encabezada por Tuto, y eligieron la primera.

El resultado terminó con el ciclo político iniciado por Evo Morales en 2006, pero no entregó la Presidencia al candidato que representaba más claramente a la derecha tradicional. Paz había ocupado durante la campaña una posición más cercana al centro, aunque también proponía reformas y una ruptura con aspectos importantes del modelo del MAS. Bolivia votó por un cambio, pero ese resultado no puede interpretarse automáticamente como un mandato para ejecutar el programa de Tuto Quiroga.

La composición de aquella victoria también importa. Lara permitió ampliar la fórmula hacia sectores populares, jóvenes y votantes que habían formado parte del universo electoral del MAS. Entre la primera y la segunda vuelta, organizaciones campesinas y otros sectores anteriormente vinculados al oficialismo respaldaron a Paz-Lara frente a Quiroga. Una parte del electorado quería terminar con el ciclo del MAS sin entregar necesariamente el Gobierno a la derecha tradicional.

Eso no significa que todos esos votantes rechazaran las reformas económicas ni que Lara pueda atribuirse su representación exclusiva. La derecha también posee legitimidad electoral y sus legisladores tienen derecho a formar mayorías y aprobar leyes. La tensión es más compleja: la mayoría parlamentaria que Paz necesita para gobernar no representa exactamente a la misma coalición política y social que lo llevó a la Presidencia.



Paz entre la derecha tradicional y la nueva derecha

Mientras se deterioraba la relación con Tuto, Samuel y Manfred, Paz se aproximó a actores de otra corriente política. El caso más visible fue el del consultor argentino Fernando Cerimedo, quien se convirtió en asesor del Presidente boliviano sin ocupar formalmente un cargo en el Gobierno. Su presencia acercó al entorno de Paz a las redes de la nueva derecha latinoamericana.

Cerimedo había trabajado políticamente con Javier Milei en Argentina y mantenido vínculos con el entorno del expresidente brasileño Jair Bolsonaro. Representaba un espacio diferente al de los dirigentes tradicionales bolivianos: una derecha transnacional articulada alrededor de nuevos liderazgos y estrategias políticas y comunicacionales. Mientras Paz se distanciaba de parte de la derecha tradicional de Bolivia, establecía vínculos con actores de una derecha más nueva y radicalizada.

La relación se convirtió en un problema cuando Cerimedo fue detenido preventivamente en una investigación por tentativa de feminicidio contra Nadia Beller. Posteriormente se abrieron otras investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito y posibles vínculos con narcotráfico y encubrimiento. Son causas en curso, las acusaciones deben probarse y no pueden trasladarse automáticamente a Paz. El hecho políticamente relevante es que un asesor cercano al entorno presidencial quedó involucrado en investigaciones graves en un momento de creciente debilidad del Gobierno.


Los casos que cercaron al Gobierno

Cerimedo se agregó a otros episodios que erosionaron la capacidad del Ejecutivo para controlar la agenda. El denominado caso de la “gasolina basura” llevó a investigar cómo combustible que no cumplía determinadas especificaciones habría atravesado controles estatales. También apareció el caso de las “narcomaletas”, relacionado con presuntas operaciones de narcotráfico.

Otro episodio, conocido como “narcomaderas”, tuvo un desarrollo diferente: las primeras denuncias alcanzaron fuerte repercusión, pero pericias posteriores cuestionaron elementos centrales de las acusaciones. Los expedientes tienen orígenes y grados de comprobación diferentes y no pueden presentarse como partes demostradas de una misma trama. Lo que sí comparten es un efecto acumulativo sobre un Gobierno que ya tenía dificultades para construir una mayoría estable.

El Legislativo demostró además que su capacidad para condicionar al Ejecutivo no se limita a las investigaciones. La censura parlamentaria contra el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, terminó con su salida del gabinete. La Asamblea mostró que podía transformar la debilidad parlamentaria de Paz en consecuencias concretas dentro de su Gobierno.



El poder que la derecha recuperó dentro del Estado

El deterioro del Presidente puede explicarse por sus propias decisiones, el conflicto con Lara y los problemas surgidos alrededor de su administración. Pero también coincide con una nueva distribución del poder estatal. La derrota del MAS no cambió solamente al Presidente: modificó quién dispone de herramientas institucionales para controlar al Ejecutivo.

Durante buena parte del ciclo del MAS, la oposición tuvo dificultades para condicionar desde el Parlamento a gobiernos que concentraban amplias mayorías. El escenario actual es diferente. Las fuerzas de Tuto, Samuel y Manfred cuentan con legisladores, participan de comisiones y pueden pedir informes, citar funcionarios e impulsar investigaciones. La derecha tradicional no necesita controlar el Ejecutivo para ejercer poder: puede hacerlo fiscalizando, legislando y condicionando desde la Asamblea.

Esa capacidad puede contribuir a que irregularidades o contradicciones gubernamentales se conviertan en problemas políticos. Pero no existen elementos suficientes para afirmar que Tuto, Samuel y Manfred hayan coordinado una operación destinada a producir los escándalos para debilitar a Paz. Algunos casos, como el de Cerimedo, tienen además un origen independiente de la actividad parlamentaria. Que determinados actores se beneficien políticamente de una crisis no demuestra que hayan provocado esa crisis.

La hipótesis que puede sostenerse es más acotada: la derecha tradicional no necesita crear los problemas del Gobierno para beneficiarse de ellos. Su posición institucional le permite investigarlos y utilizar sus consecuencias para aumentar la presión. Lo que todavía debe demostrarse es si detrás de algunos episodios existe una estrategia coordinada o si simplemente está aprovechando las debilidades que el propio Gobierno genera.


Presionar a Paz sin hacerlo caer

Aquí aparece la principal paradoja. Tuto, Samuel y Manfred tienen recursos para condicionar al Presidente, pero eso no significa necesariamente que les convenga provocar una crisis que termine con su Gobierno. Debilitar a Paz y hacer caer a Paz pueden ser dos estrategias completamente diferentes.

La razón es Edmand Lara. Como vicepresidente ocupa el primer lugar en la línea de sucesión y llegó al Gobierno aportando parte del voto popular que permitió derrotar a Quiroga. Reyes Villa ya expresó públicamente que considera preferible la continuidad de Paz frente a una eventual llegada de Lara a la Presidencia. Para una parte de la derecha tradicional, Paz puede ser un problema, pero su sucesor constitucional podría representar uno mayor.

Eso modifica el cálculo. Un Paz fortalecido podría construir mayorías propias y reducir su dependencia de quienes inicialmente lo acompañaron. Un Paz debilitado necesita negociar. Pero su salida abriría el camino constitucional hacia Lara. La situación más conveniente para la derecha tradicional podría ser un Paz suficientemente débil para condicionarlo, pero suficientemente estable para permanecer en la Presidencia.

Tuto, Samuel y Manfred no necesitarían entonces regresar formalmente al Gobierno. Podrían construir las mayorías capaces de aprobar reformas y obligar al Ejecutivo a negociar su aplicación. Ya intentaron impulsar las reformas junto a Paz; ahora pueden intentar conducirlas desde el Parlamento.


Quién conduce la Bolivia después del MAS

La elección de 2025 resolvió quién dejaría de gobernar Bolivia, pero no terminó de definir quién conduciría la etapa siguiente. El MAS perdió el poder después de casi dos décadas de predominio, atravesadas por los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce y por una profunda fractura interna en sus últimos años. El fin de una hegemonía abrió un nuevo ciclo, pero no produjo automáticamente otra fuerza hegemónica.

Paz ocupa la Presidencia, pero carece de fuerza parlamentaria suficiente para ejecutar solo su programa. Lara conserva la Vicepresidencia y representa una parte de la heterogénea coalición electoral que permitió derrotar a Quiroga. La nueva derecha latinoamericana encontró canales hacia el Gobierno, mientras la derecha tradicional conserva partidos, legisladores y capacidad institucional. La pelea que comienza no es solamente por sostener o debilitar a Paz, sino por determinar quién conducirá políticamente el posmasismo.


Protesta de Mayo contra Gobierno de Paz (BBC.com)
Protesta de Mayo contra Gobierno de Paz (BBC.com)

Por eso, una eventual coordinación entre Quiroga, Doria Medina y Reyes Villa es más que una negociación entre dirigentes opositores. Puede convertirse en otro capítulo de la disputa por definir qué significa el cambio iniciado en 2025. El centro de gravedad de la política boliviana podría desplazarse parcialmente desde la Presidencia hacia un Parlamento capaz de decidir cuáles de las reformas llegan hasta ella.

Bolivia votó por terminar con el ciclo del MAS y eligió un cambio. Pero también eligió a Paz y Lara cuando tuvo enfrente la alternativa encabezada por Tuto Quiroga. La pregunta que permanece abierta es si la derecha tradicional puede utilizar su poder legislativo y la debilidad de Paz para conducir una transformación que no consiguió encabezar directamente desde la Presidencia.

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